De soslayo. Se programó que la música empezara a sonar a las 12 am. Había mucha gente en el piso de abajo escuchando afrobeat. Yo llegué ebrio y noté un grupo de afroamericanos sincronizándose entre ellos. Bailaban y remotamente se burlaban del apartheid desde sus entrañas. Arriba los instrumentos apenas se empezaban a conectar. Pareció que llovería. Y así fue. Me quedé en el baño unos minutos. Todo se estaba mojando. Salí y los músicos desconectaban rápidamente sus guitarras y teclados; baterías y cencerros. CAAAAAAAAAAAAAAAOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSSSSS. Teníamos veinte años en promedio. Seguí bebiendo. Bebía demasiado en aquel entonces. Fui muy lento al ver la lluvia venir. Mi novia se fue. Los negros aún bailaban. Bajé unas largas escaleras y sentía que se convertían en interminables escalones del Valle de Cuzco. Cuando llueve y bebes todo es más sencillo y apreciable. La música se intensifica de maneras y canales eternas. Es la diferencia de la música en vivo y la que es programada en computadora: no hay accidentes. Una mujer de color me miró de soslayo cuando la invité a bailar y se negó haciendo una vuelta yendo hacia el otro lado. Lejosdemí. No hubo lluvia que detuviera la música. El agua cayó sobre nuestras cabezas (cervezas) La música sonaba alto.